miércoles, 29 de junio de 2016

1970 y "La maquina brasileña".



El siguiente texto, es uno de los tantos capítulos que podemos encontrar en el Libro: De Copa en Copa, del periodista deportivo, Don Tito De La Viña. Lo califico como Don, pues Don Tito tiene vasta experiencia y camino transitado en ese sendero del conocimiento y la experiencia, dentro el campo deportivo y futbolístico. Don Tito es un libro abierto, y cada que tiene la ocasión habla y da a conocer todos los conocimientos y datos que tiene grabados en su cabeza. Al respecto debo decir que en muchas ocasiones en que se presenta o se lo ve en la Tv como invitado, le deben de cortar la palabra, pues lastimosamente en esos medios televisivos el tiempo es corto, y más aun cuando se habla de futbol, pues a Don Tito le apasiona hablar al respecto y contar y comentar y relatar sus ideas y conocimientos.
Don Tito plasmo varias obras sobre deporte y futbol, y una de ellas es este libro, del cual extraemos este capítulo sobre la selección brasileña que gano el mundial de 1970, y del cual Don Tito fue testigo presencial y sin duda un privilegiado.
¿Por qué un tema relacionado con Brasil?
Simple. Hace rato que nuestros vecinos brasileños olvidaron el “Jogo Bonito” y sus oncenos ya no llenan nuestros exigentes ojos, y del cual ellos con culpables. A mi modo de ver, brasil de europeizó y cada vez es mas y mas mecánico y frio, dejando de lado el buen futbol criollo, ese futbol que tanto nos caracteriza a los Sudamericanos y del cual brasil es; Queriendo con querer o sin querer queriendo, el máximo exponente.
Los invito a leer este capítulo e imaginar lo que fue ese brasil de 1970, mismo que dejo una huella profunda para el futbol mundial y de basta y enorme referencia para el PlanetaFútbol actual…

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La maquina brasileña.
Conformación del tricampeón mundial en méxico 1970. Parados: Carlos Alberto, Brito, Piazza, Félix, Clodoaldo y Everaldo. En cuclillas: Jairzinho, Gerson, Tostao, Pele y Rivelinho. Una maquina que jugaba a todo lujo.
…“Brasil debe agradecerle a sus excepcionales futbolistas, al Rey Pele, y todos los que integran su corte, en la que Gerson es un príncipe, Jairzinho un duque y Rivelinho un marqués, al haberle regalado el máximo honor al que puede aspirar un país deportivo: ganar por tercera vez la Copa Jules Rimet, desde ahora depositada a perpetuidad en las vitrinas de la Confederación Brasileña de Deportes”… así encabezaba su nota Juvenal, el periodista deportivo argentino de “El Grafico”, al comentar la consagración del equipo verde – amarillo en la final del campeonato del mundo méxico 1970 frente a Italia, vencieron por 4 a 1.
A su vez, habría que agregar, el futbol del mundo debe agradecerle a brasil esa apoteosis de técnica y belleza, de la clase y el fervor, el arte y la ciencia para manejar una pelota, como si cada pie, cada pecho y cada cabeza de los integrantes de la corte del Rey Pele tuvieran un imán invisible. El equipo dirigido por Zagalo, venció en cada una de sus seis presentaciones, en demostraciones futbolísticas de alta calidad, como nunca antes se observo en torneos de esta índole.
Gano los seis partidos que disputo, marcando 19 goles y recibió solo 7. En el grupo 3 enfrento a Checoeslovaquia y lo batió por 4 a 1, luego venció a Inglaterra por 1 a 0 en su partido mas difícil del torneo y a Rumania por 3 a 2. En cuartos de final derroto a Perú por 4 a 2 en semifinales a Uruguay por 3 a 1, para llegar a la final y golear a Italia por 4 a 1. Ese maravilloso plantel deslumbraba en cada presentación y les ofrecía a sus seguidores lo que siempre esperan: que un equipo juegue, gane y guste. La constelación de estrellas se basaba en cinco jugadores zurdos que en diferentes posiciones jugaban un futbol de precisión, toque de pelota al pie y a los espacios, desborde por los laterales para llegar al área y remate espectaculares de media distancia o con pelota colocada cuando el volante llegaba libre al espacio creado por sus compañeros. Era un verdadero lujo y por eso cuando las encuestas piden la opinión sobre el mejor campeón mundial de todos los tiempos, nadie que haya visto gran parte de esos campeonatos, duda en afirmar que la maquina brasileña de méxico 70, ocupa el número 1.
Los cinco zurdos aludidos eran Gerson, Rivelinho, Pele, Jairzinho y Tostao, que hicieron el milagro de destruir las afirmaciones que eso no podía ser, porque excedía al sentido común. El técnico Zagalo consiguió hacer funcionar la máquina en base a los desplazamientos de esos zurdos que se movían indistintamente en diferentes sectores de la cancha y hacían prevalecer las ventajas de utilizar la pierna zurda en sectores donde los diestros tienen aparente ventaja. Brasil presento en méxico un equipo formado por cinco números diez, cinco cracks que en sus clubs eran los dueños de “la manija” Eso fue verdaderamente revolucionario. En un momento en que el valor – equipo parecía haber terminado con el valor – hombre, Zagalo junto a sus mejores hombres que tenia, sin preocuparse por el puesto que ocupaban o la función que estaban cumpliendo en sus equipos. Lo fundamental volvió a ser el hombre. Eran los mejores y tenían que jugar. ¿De qué? ¿Con que plan?. Dentro de la cancha se vería. Y se vio. De una manera que el fútbol del mundo no podrá olvidar nunca.
Gerson, uno de los mas veteranos de aquel gran equipo, rememoraba que la gran conquista de méxico había comenzado en 1969 cuando el equipo disputo las eliminatorias sudamericanas frente a Colombia, Venezuela y Paraguay. En aquel plantel, el entonces técnico Saldanha incluyo a Jairzinho y Edu como punteros titulares, con Pele y Tostao como delanteros netos. En el medio estaban Clodoaldo y Gerson. Atrás jugaban Carlos Alberto, Brito, Joel y Everald. Luego de la euforia de la clasificación, recuerda Gerson, hubo problemas entre dirigentes y reemplazaron a Saldanha por Zagalo, que hizo todo el trabajo para el mundial y fue el protagonista de esa verdadera revolución colocando a cinco números diez en el onceno brasileño. No fue fácil, pero dio resultado.
En el partido final contra Italia, Gerson fue el autentico súper cerebro de Brasil, y Pele, con toda su enorme clase se le subordino como realizador y acompañante. Fue un ejemplo de hombre dispuesto a postergar su “vedetismo” a favor del conjunto.
Mañana del 17 de junio de 1970 en el distrito federal de méxico, sede de la gran final. Hay amenaza de lluvia, que finalmente no empaña la gran fiesta. Del hotel Santa Isabel donde estaba instalado en Centro de Prensa, parten las movilidades hacia el estadio Azteca. Una mañana muy ajetreada, con los nervios previos de una gran fiesta futbolística. Ir y venir de los miles de periodistas acreditados. Dos horas antes del comienzo del partido señalado para el medio día mexicano, ya estuvimos en las instalaciones del coloso de Santa Úrsula, como lo conocen los mexicanos a su gran estadio. Todos quieren ver a la maquina brasileña en acción frente al catenaccio italiano de Albertosi; Burgnich, Cera; Rosato y Fachetti; Bertini, Mazola y De Sisti; Domenghini, Bonisegna y Riva. Los verde amarillos de brasil en busca de su tri campeonato: Félix; Carlos Alberto, Brito, Piazza y Everaldo; Clodoaldoy Gerson; Jairzinho, Tostao, Pele y Rivelinho.
El favoritismo en inmensamente favorable a Brasil, que es el equipo dueño de casa, porque los mexicanos tras la eliminación de su plantel nacional, adoptaron a Brasil. La fiesta comenzó exactamente a las 12 horas cuando el alemán oriental Rudy Glochmer dio la orden. Después la maquina comenzó a arrasar con movimientos agiles, simples, lucidos, abriendo y cerrando los espacios, tocando hacia los costados y hacia adelante. Nunca había visto tanta elegancia en todo eso. Los cuatro goles fueron obras de arte futbolísticas. El cabezazo de Pele que abrió el marcador saltando y arqueándose en el aire para dejar la pelota en los piolines. Tras el empate de Bonisegna, Gerson en su tarde histórica, en el borde del área, hace un esquive, busca el perfil favorable y dispara un misil a la red: 2 a 1. Tras la pausa del intermedio, el golazo de Jairzinho entrando por la derecha superando a Fachetti y anticipándose a la salida de Albertosi. Y la frutilla del postre, con el gol del capitán Carlos Alberto. Habíamos visto a la Maquina Brasileña; la mejor de todos los tiempos en el futbol mundial. Fui un privilegiado.
Por: Tito De La Viña - Periodista deportivo
Extraído del Libro: De Copa en Copa. Pág.- 36, 37 y 38
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Saludos Totales…

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